Soberanía hídrica Latinoamericana
La soberanía del siglo XXI no se mide ya por el territorio,
sino por la capacidad de los Estados para proteger sus intereses
frente a la competencia geopolítica y la interdependencia global.
Artículo exclusivo
Santiago Zagar
Columnista
Recepción: 29/09/2026
Publicación online: 05/10/2026.
Publicación seriada: Volumen 1, No 1, 2026
El mundo se encuentra hoy en “quiebra hídrica global”[1]. La mayoría de los países han sobreexplotado sus fuentes hídricas, ríos, acuíferos, humedales y glaciares, más allá del punto de recuperación anual. Alrededor de cuatro mil millones de personas (75 % de la población mundial) experimentarán escasez severa al menos un mes por año, presionando a sus Estados para conseguir el recurso por cualquier medio, haciendo que la escasez y la distribución desigual del agua, sea un nuevo factor de conflicto a nivel regional e internacional[2].
La distribución mundial del estrés hídrico revela profundas asimetrías geográficas. Regiones como Oriente Medio, Asia Central, el norte de África y partes del sur de Europa enfrentan niveles extremadamente altos de presión sobre sus recursos disponibles, mientras que América Latina conserva una posición excepcional en términos de disponibilidad hídrica. La FAO estima que la región alberga aproximadamente el 34 % del agua dulce disponible del planeta, pese a concentrar menos del 9 % de la población mundial[3].
No obstante, los recursos acuíferos latinoamericanos se encuentran bajo una fuerte presión, la expansión de industrias intensivas en agua como la minería, el agronegocio o data centers amenazan la estabilidad hídrica. Y es especialmente preocupante desde la perspectiva soberana, la creciente participación de actores extranjeros en la planificación estratégica del agua en Argentina y Colombia.
El caso es Mekorot, la empresa estatal de aguas de Israel, que desde 2022 ha creado alianzas con el gobierno argentino sido contratada para elaborar planes maestros hídricos en 12 de las 23 provincias del país austral[4], incorporando diagnósticos, proyecciones de oferta y demanda, propuestas regulatorias e instrumentos para la asignación del agua a largo plazo. Aunque estos acuerdos fueron presentados oficialmente como mecanismos de cooperación técnica para fortalecer la seguridad hídrica frente al cambio climático[5], diversos sectores académicos, organizaciones socioambientales y legisladores argentinos han cuestionado la falta de transparencia de algunos convenios, las cláusulas sobre propiedad intelectual de los estudios y la posibilidad de que una empresa extranjera influya en decisiones estratégicas sobre un recurso considerado de interés soberano[6].
El caso adquiere una dimensión regional pues Merkorot tiene con convenios de asesoría técnica en Chile, Uruguay y México[7], y en Colombia de manera reciente, surgieron denuncias en el Concejo de Bogotá sobre un presunto interés de Mekorot en participar en procesos de planificación relacionados con el Páramo de Sumapaz[8], el complejo de páramos más grande del mundo y principal regulador hídrico del centro del país.
Aunque hasta la fecha no se ha confirmado oficialmente la existencia de un contrato para que la empresa administre dicho ecosistema, el debate evidencia un desafío más amplio: cuando la planificación de cuencas, acuíferos y páramos estratégicos incorpora una participación significativa de actores externos, la soberanía hídrica deja de depender únicamente del control físico del agua y pasa a involucrar también quién produce el conocimiento técnico, diseña las prioridades de gestión y orienta las decisiones sobre un patrimonio esencial para el desarrollo futuro de América Latina.
Hay que tener presente que la abundancia del agua en nuestra región no elimina las vulnerabilidades. La distribución del recurso es profundamente desigual entre territorios y la creciente degradación de bosques húmedos y amazónicos, la pérdida de glaciares andinos, la contaminación de cuencas y la sobreexplotación de acuíferos incrementan el estrés hídrico local incluso en países considerados ricos en agua. La principal fortaleza estratégica latinoamericana no radica únicamente en la cantidad de agua disponible, sino en la conservación de los ecosistemas que sostienen su ciclo hidrológico.
Frente a este panorama, la soberanía hídrica latinoamericana requiere avanzar hacia una gobernanza continental basada en la colaboración soberana de los países latinoamericanos, frente a la llegada de intereses externos. Ello implica consolidar mecanismos regionales que reconozcan el agua como patrimonio estratégico para el desarrollo, la seguridad alimentaria y la autonomía política, fortaleciendo una visión de soberanía territorial que preserve el capital hídrico continental frente a presiones externas y garantice su sostenibilidad para las próximas décadas.
¿Construimos soberanía en Latinoamérica sobre la base de nuestros propios intereses?
[1] Global water bankruptcy. Living Beyond Our Hydrological Means. https://news.un.org/es/story/2026/01/1541043
[2] Estrategia y geopolítica del agua en América Latina: una óptica desde la Inteligencia Estratégica, http://doi.org/10.47961/2145194X.337
[3] AQUASTAT - Sistema mundial de información de la FAO sobre el agua en la agricultura, https://www.fao.org/aquastat/es/
[4] https://www.cdhal.org/es/el-mapa-de-mekorot-en-argentina/
[5] https://www.irrigacion.gov.ar/web/informes-de-mekorot/
[6] https://latinta.com.ar/2025/09/11/el-mapa-de-mekorot-en-argentina/
[7] https://www.colombiainforma.info/alertan-sobre-intereses-israelies-en-las-aguas-del-paramo-de-sumapaz-en-medio-de-sequia/
[8] https://concejodebogota.gov.co/concejal-jose-cuesta-alerta-por-la-soberania-del-agua-en-bogota/cbogota/2026-08-27/092555.php
